(Yün-mén) fue otro gran maestro del Zen a fines de la dinastía T'ang. Tuvo que perder una pierna para alcanzar la intuición del principio vital del que surge todo el universo, incluida su humilde existencia. Antes de que se le permitiese verlo, debió visitar en tres ocasiones a su maestro Bokuju (Mu-chou), que fuera discípulo principal de Rinzai, bajo dirección de Obaku.
El maestro preguntó: "¿Quién eres?" "Soy Bun-yen (Wén-yen)", respondió el monje. (Su nombre era Bun-yen, y Ummon era el nombre del monasterio donde se estableció después.)
Cuando al monje que buscaba la verdad se le permitió trasponer la puerta, el maestro lo aferró por el pecho y le exigió: "
Habla! ¡Habla!" Ummon vaciló; entonces el maestro lo empujó a través de la puerta, diciendo: "¡Oh, cofrade bueno-para-nada!"
Al cerrarse de prisa la puerta, quedó atrapada una pierna de Ummon, y se quebró. El intenso dolor resultante de esto, despertó aparentemente al pobre cofrade hacia el máximo hecho vital. Dejó de ser un monje solícito, que suplicaba piedad; la iluminación así ganada pagó con exceso la pérdida de su pierna. Sin embargo, él no fue un ejemplo aislado a este respecto; hubo muchos en la historia del Zen, deseosos de sacrificar una parte del cuerpo por la verdad. Dice Confucio: "Si un hombre entiende el Tao por la mañana, lo sigue entendiendo incluso cuando muere por la tarde."
Algunos podrían pensar que la verdad es más valiosa que la mera vida, la mera vida vegetativa o animal. Pero en el mundo, ¡ay!, hay demasiados cuerpos vivos revolcándose en el barro de la ignorancia y la sensualidad.
DAISETZ TEITARO SUZUKI
Doctor en Literatura
Ex Profesor de Filosofía Budista en la Universidad
Otani. Kyoto

hermoso
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