
El Libro De La Vida
Comprender «lo que es»
Ciertamente, una persona que comprende la vida, no necesita creencias. Un persona que ama no tiene creencias, sólo ama. El que tiene creencias es quien está consumido por el intelecto; porque el intelecto está siempre buscando seguridad, protección. Siempre está evitando el peligro; y por eso, engendran ideas, creencias, ideales que puedan proteger. ¿Qué ocurriría si ustedes abordaran la violencia directamente ahora? Serían un peligro para la sociedad; y debido a que la mente anticipa el peligro, dice: «Alcanzaré el ideal de la no violencia dentro de diez años», lo cual es un proceso totalmente ficticio y falso... Comprender
lo que es, importa más que crear y seguir ideales, dado que los ideales son falsos; y lo que es, es lo real. Para comprender lo que es se requiere una capacidad enorme, una mente rápida y libre de prejuicios. Debido a que no queremos afrontar y comprender lo que es, inventamos numerosas vías de escape; y le damos hermosos nombres, tales como ideal, creencia o Dios. Por cierto, sólo cuando veo lo falso como falso; mi mente es capaz de percibir, lo verdadero. Una mente construida en lo falso, jamás puede encontrar la verdad. Por lo tanto, debo comprender qué es falso en mis relaciones, en mis ideas, en las cosas que hay a mí alrededor; porque percibir la verdad, exige que se comprenda lo falso. Sin eliminar las causas de ignorancia, no puede haber iluminación; buscar la iluminación cuando la mente se debate en la ignorancia, es absolutamente vano y sin sentido. Por consiguiente, debo empezar a ver lo falso en mis relaciones con las ideas, con la gente y con las cosas. Cuando la mente ve lo que es falso, se manifiesta lo verdadero; entonces hay éxtasis, hay felicidad.
En qué creemos
¿No brinda entusiasmo la creencia? ¿Puede el entusiasmo sostenerse sin una creencia? Y ¿Es siquiera necesario el entusiasmo; o lo que se requiere es una clase diferente de energía, de vitalidad o un impulso diferente? La mayoría de nosotros siente entusiasmo por una cosa u otra. Somos muy vehementes, muy entusiastas con respecto a conciertos, a la ejercitación física, o cuando vamos a un «picnic». A menos que sea alimentado todo el tiempo por una cosa u otra; el entusiasmo se desvanece, y tenemos un entusiasmo nuevo por otras cosas. ¿Existe una fuerza, una energía que se sostenga por sí misma, que no dependa de creencia alguna? La otra pregunta es: ¿Necesitamos; acaso, una creencia de cualquier clase que sea? Si así fuera, ¿por qué es necesaria? Ése es uno de los problemas involucrados. No necesitamos «creer» que existe la puesta del sol, que existen las montañas o los ríos. No necesitamos «creer» que reñimos con nuestras esposas. No necesitamos «creer» que la vida es una desdicha terrible con su angustia, su conflicto y su constante ambición; eso, es un hecho. Pero necesitamos una creencia cuando queremos escapar de un hecho hacia una irrealidad.
La mente agitada por la creencia
La religión de ustedes, su creencia en Dios, es un modo de escapar de la realidad; por lo tanto, no es religión en absoluto. La persona rica que acumula dinero a base de crueldad, falsedad y astuta explotación, cree en Dios. Y ustedes también creen en Dios; y también son astutos, envidiosos, crueles y suspicaces. ¿Es posible encontrar a Dios por medio de la falsedad, del engaño, de los arteros trucos de la mente? El hecho de que uno coleccione todos los libros sagrados; y los diversos símbolos de Dios, ¿indica que es una persona religiosa? De modo que la religión no es un escape respecto de los hechos; la religión es comprender el hecho de lo que somos en nuestra existencia cotidiana: La manera como hablamos, la clase de conversaciones que sostenemos, el modo como nos dirigimos a nuestros sirvientes, como tratamos a nuestra esposa, a nuestros hijos y vecinos En tanto no comprendamos la relación con nuestro prójimo, con la sociedad, con nuestra esposa y nuestros hijos, tiene que haber confusión; y la mente confundida, haga lo que hiciere, sólo creará más confusión, más problemas y conflictos. Una mente que escapa de lo factual, de los hechos de la relación, jamás encontrará a Dios; una mente agitada por la creencia no conocerá la verdad. Pero la mente que comprende su relación con la propiedad, con la gente, con las ideas, que ya no lucha más con los problemas que genera la relación. Una mente para la que la solución no es el retiro; sino la comprensión del amor, sólo una mente así, puede comprender la realidad.
Más allá de la creencia
Nos damos cuenta de que la vida es desagradable, dolorosa y triste. Deseamos alguna clase de teoría, alguna clase de especulación o satisfacción, alguna clase de doctrina que explique todo esto, y así quedamos atrapados en explicaciones, palabras y teorías- Y gradualmente las creencias echan raíces muy profundas; y se vuelven inconmovibles, porque detrás de esas creencias, de esos dogmas, está el miedo constante a lo desconocido. Pero jamás miramos ese miedo; le volvemos la espalda. Cuanto más fuertes son las creencias, más fuertes los dogmas. Y cuando examinamos estas creencias: la cristiana, la hindú, la budista, etcétera, encontramos que dividen a la gente. Cada dogma, cada creencia tiene una serie de rituales, de compulsiones que atan y separan a los seres humanos. De modo que empezamos una indagación para averiguar qué es lo verdadero, cuál es el significado de ésta desdicha, de ésta lucha, de éste dolor; y pronto quedamos atrapados en creencias, rituales, teorías. La creencia es corrupción; porque detrás de la creencia y la moralidad se esconde la mente. El «yo»; el «yo» que se vuelve cada vez más grande, poderoso y fuerte. Consideramos que la creencia en Dios, la creencia en algo, es religión. Pensamos que creer es ser religioso. ¿Comprende? Si no creemos, se nos considerará ateos por la sociedad. Una sociedad condenará a los que creen en Dios, y otra sociedad condenará, a los que no creen. Ambas son la misma cosa. Así pues, la religión se vuelve una cuestión de creencia; y la creencia actúa y ejerce su influencia, sobre la mente. De ése modo la mente jamás puede ser libre. Pero sólo en libertad podemos descubrir qué es lo verdadero, qué es Dios; no podemos hacerlo mediante ninguna creencia. Porque nuestra creencia misma proyecta lo que pensamos que debe ser Dios, lo que pensamos que debe ser la verdad.
La pantalla de la creencia
Usted cree en Dios y otro no cree en Dios, de modo que las creencias de ustedes los separan. En todo el mundo la creencia está organizada como hinduismo, budismo o cristianismo, así divide a los humanos. Estamos confundidos; y pensamos que mediante la creencia aclararemos la confusión. Es decir, la creencia se superpone a la confusión; y esperamos que con eso, la confusión se despejará. Pero la creencia no es sino un modo de escapar del hecho de la confusión, no nos ayuda a aprontar y comprender el hecho; sino a escapar de la contusión, en que nos encontramos. Para comprender la contusión, no es necesaria la creencia; ésta sólo actúa como una pantalla entre nosotros, y nuestros problemas. Por eso la religión; que es una creencia organizada, se convierte en un medio para escapar de
lo que es, del hecho de la confusión. La persona que cree en Dios, el que cree en el más allá, o aquel que tiene alguna otra forma de creencia, está escapando de un hecho: El hecho de lo que él es. ¿Acaso no conocemos a esas personas que creen en Dios, que practican puja, que repiten ciertos cantos y ciertas palabras; y que en su vida cotidiana son dominadoras, crueles, ambiciosas, tramposas, deshonestas? ¿Encontrarán ellas a Dios? Están verdaderamente buscando a Dios? ¿Puede encontrarse a Dios mediante la repetición de palabras y creencias? Sin embargo, tales personas creen en Dios, adoran a Dios, van al templo todos los días, lo hacen todo para eludir el hecho de lo que son; y a esas personas las consideramos respetables, porque esas personas somos nosotros mismos.
Krishnamurti
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