Los peces nacen en el agua, el hombre nace en el Tao.Si los peces, nacidos en el agua, buscan la sombra profunda del estanque o la alberca, todas sus necesidades son satisfechas.Si el hombre, nacido en el Tao, se hunde en la profunda sombra de la no-acción, para olvidar la agresión y las preocupaciones, no le falta nada, su vida es segura.
Moraleja: "Todo lo que necesita el pez es perderse en el agua.Todo lo que necesita el hombre es perderse en el Tao".

AVISO

queridos amigos los haikus que humildemente escribo están en este sitio: www.haikusilvestre.wordpress.com
gracias ! Namasté

25 jul. 2013

Enrique González Martínez



Poeta mexicano nacido en la ciudad de Guadalajara en 1871, donde estudió y ejerció como médico.
En 1911 se trasladó a la ciudad de México, y ese mismo año ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua.
Encabezó la depuración simbolista del Modernismo, rechazando las temáticas excéntricas. Fundó la revista Argos y ocupó destacados puestos políticos y diplomáticos.
Su obra poética se resume en las siguientes publicaciones:
«Preludios», «Lirismos», «La hora inútil», «Silenter», «Los senderos ocultos» y «La muerte del cisne».
Falleció en 1952


Cuando sepas hallar una sonrisa
en la gota sutil que se rezuma
de las porosas piedras, en la bruma,
en el sol, en el ave y en la brisa;

cuando nada a tus ojos quede inerte,
ni informe, ni incoloro, ni lejano,
y penetres la vida y el arcano
del silencio, las sombras y la muerte;

cuando tiendas la vista a los diversos
rumbos del cosmos, y tu esfuerzo propio
sea como potente microscopio
que va hallando invisibles universos,

entonces de las flamas de la hoguera,
de un amor infinito y sobrehumano,
como el santo de Asís, dirás hermano
al árbol, al celaje y a la fiera.

Sentirás en la inmensa muchedumbre
de seres y de cosas tu ser mismo;
serás todo pavor con el abismo
y serás todo orgullo con la cumbre.

Sacudirá tu amor el polvo infecto
que macula el blancor de la azucena,
bendecirás las márgenes de arena
y adorarás el vuelo del insecto;

y besarás el garfio del espino
y el sedoso ropaje de las dalias...
y quitarás piadoso tus sandalias
por no herir a las piedras del camino.

( autor: Enrique González Martínez )