
«Tengo sed» (Jn. 19:28)
«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Mt. 27:46)
¡Cuán significativa la expresión con que Juan prosigue el relato: «Después de esto….» (Jn. 19:28). Hasta aquí hemos visto cómo aún en la hora misma de la agonía, Jesús se dio y sirvió, pensó antes en los demás que en sí mismo, buscó colmar las necesidades de su prójimo, tanto espirituales (la salvación y el perdón) como humanas y terrenales (la protección de su madre viuda). Sólo «después de esto», es decir, tras esta genuina manifestación de su corazón pastoral Jesús expresa sus propias necesidades:
físicas: «tengo sed».
emocionales y espirituales: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?». La soledad y el sentimiento de lejanía del Padre marcan el máximo dolor de Jesús. No hay mayor infierno que la separación de Dios. Jesús sabía que este momento era inevitable (profetizado ya en el Salmo 22) porque el Padre no podía tener contacto con el pecado que el Hijo estaba llevando en aquel acto vicario.
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