Los peces nacen en el agua, el hombre nace en el Tao.Si los peces, nacidos en el agua, buscan la sombra profunda del estanque o la alberca, todas sus necesidades son satisfechas.Si el hombre, nacido en el Tao, se hunde en la profunda sombra de la no-acción, para olvidar la agresión y las preocupaciones, no le falta nada, su vida es segura.
Moraleja: "Todo lo que necesita el pez es perderse en el agua.Todo lo que necesita el hombre es perderse en el Tao".

AVISO

queridos amigos los haikus que humildemente escribo están en este sitio: www.haikusilvestre.wordpress.com
gracias ! Namasté

26 dic. 2013

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la verdadera mente es Calma
En una ocasión un discípulo le preguntó al maestro:

-¿Dónde está la realidad?
-Justo delante de ti --dijo el mentor.
-Entonces, ¿por qué no puedo verla?
-Porque sólo te ves a ti mismo.

Pero lo más grave es que ni siquiera nos vemos a nosotros mismos como tales, sino la envoltura y la apariencia de nosotros mismos, justo aquello que, cuando tengamos claridad y sabiduría, descubriremos que no somos.

Como método práctico para superar la ofuscación y desplegar la lucidez, también es de gran importancia detectar la ofuscación en la propia mente. No es fácil, y es necesario, entrenarse en la práctica de la meditación para irse acostumbrando a mirar dentro de la mente, examinarla y tomar conciencia de ella. En un célebre sermón de la enseñanza del Buda, el Arya-Ratnakuta, se dice:


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«La mente es como el ilusionismo de un mago; adopta diversas formas de aparición a causa de pensamientos no acordes con la realidad. La mente es como la corriente de un río: nunca se para sino que sufre, rompe, desaparece. La mente es como la luz de una lámpara: arde en razón de sus causas y condiciones. La mente es como la luz de un relámpago que, en un instante, acaba y no permanece. La mente es como el espacio, está contaminada por impurezas. La mente es como un mal amigo porque trae toda clase de sufrimientos.»




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Pero, mediante el oportuno entrenamiento y el esfuerzo debidamente aplicado, la mente puede irse tornando una colaboradora.
Hay que protegerla con cuidado, ordenarla, liberarla de obstáculos y estados aflictivos y procurarle sosiego, porque del sosiego va naciendo la claridad. Todos los sabios de la antigüedad, tanto de Oriente como de Occidente, han insistido en la necesidad de la calma mental.



En una ocasión un discípulo escéptico le dijo a su preceptor:

-Pero ¿a qué viene que insistas tanto en el sosiego?
El preceptor le dijo:
-Acércate al río y trata de ver tu rostro.
El río se deslizaba precipitadamente. El joven se miró en sus aguas, pero su rostro se desfiguraba. Volvió junto al mentor y le dijo:
-Es imposible verse la cara en esas aguas revueltas.
-Pues ahora dirígete al lago y mírate.
Así lo hizo el discípulo y al regresar junto a maestro le dijo:-En las serenas aguas del lago sí he visto perfectamente mi rostro.
-¿ Te das cuenta? El sosiego te permitirá ver con claridad, y con claridad verte a ti mismo, pero a través de las aguas revueltas de la mente no existe visión clara.

(Las zonas oscuras de tu mente - Ramiro Calle . Pags. 40-43)

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