Los peces nacen en el agua, el hombre nace en el Tao.Si los peces, nacidos en el agua, buscan la sombra profunda del estanque o la alberca, todas sus necesidades son satisfechas.Si el hombre, nacido en el Tao, se hunde en la profunda sombra de la no-acción, para olvidar la agresión y las preocupaciones, no le falta nada, su vida es segura.
Moraleja: "Todo lo que necesita el pez es perderse en el agua.Todo lo que necesita el hombre es perderse en el Tao".

AVISO

queridos amigos los haikus que humildemente escribo están en este sitio: www.haikusilvestre.wordpress.com
gracias ! Namasté

6 abr. 2016

EL CAMINO DEL ZEN - ALAN WATTS (PARTE 60)

Las ideas occidentales acerca de las perfecciones budistas muy a menudo se ven desvirtuadas por el enfoque del "Oriente misterioso" y por las enormes fantasías puestas en amplia circulación por las obras teosóficas en la última década del siglo pasado y la primera del siglo actual. Esas fantasías no se basaban en un estudio de primera mano del Budismo sino en la lectura literal de pasajes mitológicos de las sutras, donde los Buddhas y los Bodhisattvas aparecen adornados con innumerables atributos milagrosos y sobrehumanos. Por tanto no hay que confundir a los maestros zen con los "mahatmas" de la teosofía, los fascinantes "maestros de sabiduría" que viven en las fortalezas de las montañas del Tibet y practican las artes del ocultismo. Los maestros zen son muy humanos. Se enferman y mueren; conocen alegrías y tristezas; tienen rabietas y otras pequeñas "debilidades" del carácter como cualquier otro, y no están libres de enamorarse y tener una relación plenamente humana con el sexo opuesto. La perfección del Zen consiste en ser perfecta y simplemente humano. El adepto del Zen se diferencia de los hombres corrientes en que estos últimos de una u otra manera tienen dificultades con su propia humanidad e intentan ser ángeles o demonios.
Un poema doka de Ikkyu dice:

Comemos, eliminamos, nos acostamos y nos levantamos;
este es nuestro mundo.
Todo lo que tenemos que hacer después
es morir.

La enseñanza del koan implica conceptos típicamente asiáticos de la relación entre el maestro y el discípulo, que son muy diferentes de los nuestros. En efecto, en las culturas asiáticas se trata de una relación particularmente sagrada, en la que se supone que el maestro es responsable del karrna del alumno. Por su parte, se espera que el alumno preste absoluta obediencia y reconozca completa autoridad al maestro, y tenga por él un respeto aun mayor del que tiene por su propio padre, lo cual en los países asiáticos es mucho decir. Por tanto ante un monje zen el roshi se presenta como símbolo de la máxima autoridad patriarcal, y generalmente desempeña su papel a la perfección. Es un hombre casi siempre de edad avanzada, de aspecto feroz como un tigre, que formalmente vestido y sentado para la entrevista sanzen tiene el aspecto de una persona de enorme presencia y dignidad. En este papel constituye un símbolo vivo de todo cuanto nos infunde el temor de ser espontáneos, de todo lo que provoca la más dolorosa y torpe autoconciencia. El maestro asume este papel en su carácter de upaya, hábil artificio para conseguir que el discípulo adquiera la presencia de ánimo necesaria, para estar con perfecta naturalidad frente a este formidable arquetipo. Si puede hacerlo, es un hombre libre a quien nadie en el mundo puede turbar. También hay que tener en cuenta que en la cultura japonesa los jóvenes y los adolescentes son particularmente susceptibles al ridículo, y con tal motivo se apela a este recurso con frecuencia para adaptar los jóvenes a las convenciones sociales.
Al concepto asiático normal de la relación maestro-alumno, el Zen añade algo propio al dejar que la formación de la relación quede enteramente librada a la iniciativa del discípulo. La posición básica del Zen es que no tiene nada que decir, nada que enseñar. La verdad del budismo es tan evidente por sí misma que lo único que se consigue al explicarla es ocultarla. Por tanto el maestro no "ayuda" al discípulo de ninguna manera, puesto que ayudar sería en realidad entorpecer. Por el contrario, sale a ponerle obstáculos y barreras en el camino del estudiante. Así, los comentarios de Wu-men sobre los diferentes koan del Wu-men kuan tienden a inducir a error intencionalmente. Los koan en conjunto se llaman "vines Wisterias" o "enredos", y a ciertos grupos se les da el nombre de "barreras de la astucia" (kikan) y "difíciles de penetrar" (nanto). Este método es como el de fomentar el crecimiento de un cerco podándolo, pues evidentemente la intención fundamental es la de ayudar, pero el estudiante zen no sabe realmente el Zen si no lo descubre por sí mismo. Al proverbio chino "Lo que entra por el portón no es el tesoro familiar" en el Zen se lo entiende en el sentido de que lo que alguna otra persona nos dice no es conocimiento nuestro. Como enseñaba Wu-men, satori llega sólo cuando uno ha agotado su propio pensamiento, sólo cuando uno está convencido de que la mente no puede apresarse a sí misma. Como dice Ikkyu en otro de sus poemas llamados doka:

Que una mente busque
en otra parte al Buddha
es tontería
es el colmo de la tontería.
Porque
Mi yo de hace mucho tiempo
es la naturaleza inexistente;
sin lugar donde ir cuando muerto,
absolutamente nada.