Los peces nacen en el agua, el hombre nace en el Tao.Si los peces, nacidos en el agua, buscan la sombra profunda del estanque o la alberca, todas sus necesidades son satisfechas.Si el hombre, nacido en el Tao, se hunde en la profunda sombra de la no-acción, para olvidar la agresión y las preocupaciones, no le falta nada, su vida es segura.
Moraleja: "Todo lo que necesita el pez es perderse en el agua.Todo lo que necesita el hombre es perderse en el Tao".

AVISO

queridos amigos los haikus que humildemente escribo están en este sitio: www.haikusilvestre.wordpress.com
gracias ! Namasté

10 oct 2010

Había una vez un hombre muy pobre que vivía a la entrada de un profundo bosque. Apenas tenía para vivir y siempre se estaba quejando de su suerte miserable.


Una noche, cuando se disponía a cenar, alguien llamo a la puerta de su casa. Era un monje errante que le pidió alojamiento por esa noche.

El hombre le acogió amablemente, compartió con el su humilde cena y luego le cedió su propia cama para que pasara la noche.

A la mañana siguiente, antes de partir, el monje le dijo:

- Has sido muy amable y hospitalario conmigo, por eso, en agradecimiento, te voy a confiar un tesoro. Delante mismo de la puerta de tu casa, ahí en ese espeso bosque, vive un animal fabuloso que se llama Satori. Su vida trascurre en la copa de los árboles, allí come y duerme. El que consiga cazarlo no tendrá que preocuparse nunca más por nada; podrá conseguir todo lo que desee y vivir en paz el resto de su vida.

El hombre se puso muy contento, y cuando el monje partió, fue al pueblo, compro un hacha e inmediatamente se puso a talar árboles. “con un poco de suerte –pensaba- lo sorprendo mientras duerme y antes que se dé cuenta lo habré cazado”.

Pero el animal satori era muy sabio y muy viejo, y además poseía la facultad de leer el pensamiento; por eso, cada vez que el hombre se acercaba al árbol donde él estaba, captando sus intenciones, se trasladaba a otro árbol cualquiera.

Así paso el tiempo. Cada vez que el hombre se acercaba, el animal Satori se cambiaba de árbol. El hombre había talado ya muchos árboles, y aprovechaba la madera para venderla como leña en el pueblo. Así sus problemas económicos se iban solucionando. Llego el dia en que ni siquiera pensaba en el animal. Cortaba un árbol, recogía la madera y se iba.

El animal Satori también había dejado de temerle. No captaba en el ningún pensamiento amenazador.

Una mañana, estaba el hombre como de costumbre cortando un árbol, cuando el animal Satori cayó a su pies. Estaba durmiendo en la copa del árbol y no había podido detectar en la mente del hombre ni un solo pensamiento que le avisara de su presencia.

Cuento sacado de la tradición zen

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