Los peces nacen en el agua, el hombre nace en el Tao.Si los peces, nacidos en el agua, buscan la sombra profunda del estanque o la alberca, todas sus necesidades son satisfechas.Si el hombre, nacido en el Tao, se hunde en la profunda sombra de la no-acción, para olvidar la agresión y las preocupaciones, no le falta nada, su vida es segura.
Moraleja: "Todo lo que necesita el pez es perderse en el agua.Todo lo que necesita el hombre es perderse en el Tao".

AVISO

queridos amigos los haikus que humildemente escribo están en este sitio: www.haikusilvestre.wordpress.com
gracias ! Namasté

6 jun. 2013


El monarca de la mente

Observa al vacío monarca de la mente; misterioso, sutil, insondable, carente de forma y
de sustancia y, sin embargo, con gran poder espiritual, capaz de extinguir mil problemas y de
perfeccionar diez mil virtudes. Aunque vacío en esencia, puede ser un guía. Si lo observas no
tiene forma; si lo llamas, tiene una voz. Actúa como un gran líder espiritual; como una
disciplina mental que transmite las escrituras.
De manera parecida a la sal en el agua, como la sustancia adhesiva del color, no cabe
duda de que está allí, aunque no puedas ver su forma; así es el monarca de la mente; morando
en el interior del cuerpo y saliendo y entrando a través de los sentidos responde libremente a
los seres según sus diferentes estados, sin nada que se lo impida, triunfando en todo cuanto
lleva a cabo.
Cuando comprendes lo fundamental, percibes la mente; cuando percibes la mente, ves a
Buda. La mente es Buda y Buda es la mente. Al ser consciente de la mente búdica, la mente
búdica es consciente de Buda. Si quieres realizarte pronto, disciplina tu mente, regúlate a ti
mismo. Una vez purificados los hábitos y la mente, la mente misma es Buda; no existe otro
Buda que el monarca de la mente.
Si quieres alcanzar la Budeidad, no permitas que nada te oscurezca. Aunque la esencia
de la mente sea el vacío, la sustancia de la codicia y de la ira tiene solidez. Para entrar por la
puerta que conduce a la fuente, siéntate con el cuerpo erguido y sé Buda. Una vez alcanzada
la otra orilla, obtendrás las perfecciones.
Si buscas el camino, observa tu propia mente. Al hacerlo descubrirás que Buda está
dentro de ti, y dejarás de buscarlo fuera, la mente es Buda, y Buda es la mente. Si tu mente es
clara, percibes a Buda y comprendes la mente que percibe. La mente no está separada de
Buda y Buda no está separado de la mente. A no ser por Buda, todo sería insondable; nada se
podría comprender.
Si te apegas a la vacuidad, y permaneces en la quietud, fluctuarás hasta llegar a
hundirte: la mente de los budas y bodisatvas no permanece en este estado. Las personas
elevadas que han conseguido aclarar su mente comprenden este místico mensaje; al sublimar
el cuerpo y la mente de modo natural, sus acciones se vuelven inmutables. De ahí que el
sabio libere su mente para que sea libre e independiente.
No digas que el monarca de la mente carece de naturaleza esencial; de hecho, puede
hacer que el cuerpo físico lleve a cabo acciones incorrectas o correctas. No es ni el ser ni el
no-ser, se oculta y manifiesta con absoluta libertad. Aunque la mente en esencia sea vacía,
puede ser vulgar o santa: por lo tanto te animo a que la cuides con gran esmero, un momento
de extravío y puedes volver a fluctuar y hundirte.
El conocimiento de la pura y clara mente es equiparable al valor del amarillo oro para
el mundo; todo el tesoro espiritual de sabiduría está en el cuerpo y en la mente. El tesoro
espiritual no-creado no es ni superficial ni profundo. Los budas y bodisatvas comprendieron
esta mente primordial; para los que tienen la suerte de encontrarla, no pertenece al pasado, ni
al futuro, ni al presente.
Fu Shan-hui (487-569)