Los peces nacen en el agua, el hombre nace en el Tao.Si los peces, nacidos en el agua, buscan la sombra profunda del estanque o la alberca, todas sus necesidades son satisfechas.Si el hombre, nacido en el Tao, se hunde en la profunda sombra de la no-acción, para olvidar la agresión y las preocupaciones, no le falta nada, su vida es segura.
Moraleja: "Todo lo que necesita el pez es perderse en el agua.Todo lo que necesita el hombre es perderse en el Tao".

AVISO

queridos amigos los haikus que humildemente escribo están en este sitio: www.haikusilvestre.wordpress.com
gracias ! Namasté

7 nov. 2013



Ahora siento una tremenda confianza. Siento confianza en lo que llamamos darma –el modo de ser de las cosas– porque ya no me parece importante lo que me pueda ocurrir, lo que le pueda ocurrir a esta criatura aquí presente. Ya no es una preocupación.
Cualquier cosa que te suceda –lo mejor, lo peor, la alabanza, la crítica, el éxito, el fracaso, una leucemia o una salud fuerte y robusta hasta los noventa y cinco años de edad y una muerte apacible mientras estés sentado en meditación–, no lo dudes, está bien tal cual es. Míralo como darma en lugar de interpretarlo
y darle una cualidad personal.

En el budismo, hablamos a menudo de la intrepidez y el coraje.
Siempre que actuamos de una manera personal, tenemos miedo y hacemos las cosas con cobardía. Pensamos: “Voy a sufrir.
Me van a quitar lo que me gusta. Voy a perder mi salud, seré un inválido y tendré dolores. Nadie me querrá y me dejarán solo. La vida será horrible, estaré perdido, solo, sin amor, con sufrimiento, viejo y enfermo, ¡pobre de mí!”. Hay muchas cosas de las que podemos tener miedo, ¿verdad? No obstante, cuando estos miedos se perciben como darma, hasta las experiencias más terribles se vuelven soportables. Nos damos cuenta de que no somos una persona para siempre ni estamos envueltos en una situación que durará siempre. Es una transición desde el nacimiento hasta la muerte en una forma humana. Y, como seres humanos, tenemos la oportunidad de despertar entre el nacimiento y la muerte.

En la mente despierta no hay temor, hay conocimiento, hay claridad. La mente despierta no es personal, no es mía, no es tuya.
Lo que perdura cuando todo cesa es la claridad, la inteligencia, el resplandor. Podemos llamar a eso el “verdadero sujeto”.
Cuando la gente pregunta: “Pero ¿cuál es mi verdadera naturaleza?”.
Yo respondo: “Es apacible, inteligente, serena y resplandeciente.
Es la inmortalidad, pero no tiene que ser con tu persona”.

-Ajahn Sumedho-