Los peces nacen en el agua, el hombre nace en el Tao.Si los peces, nacidos en el agua, buscan la sombra profunda del estanque o la alberca, todas sus necesidades son satisfechas.Si el hombre, nacido en el Tao, se hunde en la profunda sombra de la no-acción, para olvidar la agresión y las preocupaciones, no le falta nada, su vida es segura.
Moraleja: "Todo lo que necesita el pez es perderse en el agua.Todo lo que necesita el hombre es perderse en el Tao".

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queridos amigos los haikus que humildemente escribo están en este sitio: www.haikusilvestre.wordpress.com
gracias ! Namasté

7 mar. 2015

Un lugar que no es caliente ni frío

En el siglo IX vivía en Tang China un maestro Zen llamado Dongshan Liangjie (Tozan Ryokai en japonés), separado de Bodhidharma por once generaciones. Su gran virtud le ganó el título de Wuben (Gohon en japonés) Daishi, y la el “To” de la Escuela Soto viene del primer caracter de su nombre. Es por esto que el nombre de la escuela se pronuncia “Soto” y no “Sodo”, como la llaman muchos japoneses. Una vez un monje en formación preguntó al Gran Maestro Dongshan “¿Cómo puedo evitar el frío y el calor?”.

Probablemente hacía un calor abrazador durante una tarde de verano, o un frío glacial durante una mañana de invierno, tan extremo que un monje no podía tolerarlo.

La pregunta del monje sonaría irrelevante en esta época de acondicionadores de aire y calefacción. Pero aunque tengamos enfriadores y calentadores en nuestras casas, al salir de ellas nos damos cuenta de que no se han encontrado todavía formas de evitar las inclemencias de la naturaleza.

Dongshan dijo “¿Que tal si vas a un lugar que no sea caliente ni frío?”.“¿Qué lugar es ese, sin frío ni calor?”. Aparentemente el monje en formación pensó que en alguna tierra lejana existía un lugar como ese, pero Dongshan le explicó “Cuando haga calor, hazte uno con el calor, y cuando haga frío, hazte uno con el frío”. Ahí está el lugar que no es caliente ni frío.”.

Mientras vivamos dentro de la naturaleza no podemos evitar el frío ni el calor, pero sí podemos liberarnos de la mente que les teme, se siente incómoda, o molesta con ellos.


La época del Festival de los Muertos (O-bon) me deprime. El solo pensar en ir casa por casa para ofrecer los servicios conmemorativos durante la época más calurosa del verano me hace desear salir hacia un país en donde no haga calor. Sin embargo, después que empiezo a hacer las rondas y me empapo de sudor, el calor deja de molestarme. Igualmente, cuando estoy temblando de frío con los hombros encogidos en la mesa con calentador de la casa, no tengo muchos deseos de salir y enfrentar una tormenta de nieve; sin embargo, una vez que estoy listo y salgo a esquiar, hasta una tormenta de nieve puede resultar divertida. El frío y el calor no son en sí el problema; lo que nos hace sufrir es la ansiedad y la incomodidad que vienen hermanadas con ellos. Dice un viejo poema:

“La cuchara viene y va del infierno del frío al del calor. No tiene mente, no sufre”.


Como lo dice el poema, la cuchara va de la tetera al frasco de agua fría sin sentir ningún dolor, porque no tiene mente.

Cuando Ryokan cayó víctima de un terremoto dijo a uno de sus visitantes:

“Cuando estás enfermo, está bien que estés enfermo; y cuando mueres, está bien que mueras”.

El problema no es solo de frío y calor. Es lo mismo con el nacimiento, muerte, enfermedad y ancianidad. Deshacerse de especulaciones y pensamientos falsos es la única forma de trascender el nacimiento y la muerte, y de evitar el frío y el calor.

En el siglo XVI Kaisen Osho fue favorecido por Shingen Takeda e invitado a vivir en el Erinji en Koshu (Prefectura de Yamanashi). Cuando el hijo de Shingen, Katsuyori, fue atacado y vencido por Nobunaga Oda, gran parte de su ejército escapó al Erinji. Nobunaga se molestó mucho al saber que Kaisen Osho dió refugio a las fuerzas de Katsuyori. Hizo entrar a todos los monjes a la torre de la entrada del templo y la incendió. En ese momento Kaisen se dirigió a los otros monjes diciendo con voz calmada


“Este es el final. Aunque bien es cierto que estamos pagando nuestra deuda a la familia Takeda, también es cierto que no podíamos entregar al enemigo a aquellos que buscaron refugio bajo la manga de la toga de Dharma. Moriremos con valentía y lealtad hacia los otros”. Entonces hizo rezar a cada uno de los monjes un verso de muerte, y al final él mismo cantó: “Una meditación en calma no requiere de calma en sus alrededores. Con una mente clara, el fuego es frío.”


Este verso aparece en el capítulo “Dongshan - Ni frío ni caliente” del Hekiganroku (Crónica del Acantilado Azul)”.

fuente:  http://global.sotozen-net.or.jp/spa/library/stories/book5.html