Los peces nacen en el agua, el hombre nace en el Tao.Si los peces, nacidos en el agua, buscan la sombra profunda del estanque o la alberca, todas sus necesidades son satisfechas.Si el hombre, nacido en el Tao, se hunde en la profunda sombra de la no-acción, para olvidar la agresión y las preocupaciones, no le falta nada, su vida es segura.
Moraleja: "Todo lo que necesita el pez es perderse en el agua.Todo lo que necesita el hombre es perderse en el Tao".

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queridos amigos los haikus que humildemente escribo están en este sitio: www.haikusilvestre.wordpress.com
gracias ! Namasté

15 sept. 2015

Tomado de: Diálogos con Sri Ranjit Maharaj Sobre "Estado sin Estado".

Ranjit Maharaj [condiscípulo con Nisargadatta] nació el 4 de enero de 1913. A la edad de 12 años encontró a su Maestro, Siddharameshwar Maharaj, un gran Maestro casi desconocido en su propia época. Siddharameshwar Maharaj murió a la edad de 48 años, en 1936. Ranjit Maharaj no comenzó a enseñar hasta 1983, a la edad de 70 años, cuando un número creciente de buscadores se presentaba a su puerta. Shri Ranjit Maharaj, dio estos diálogos entre el verano de 1996 y el invierno de 1999. El contenido de estas charlas representa la comprensión final enseñada por su Maestro, y expresada por Ranjit Maharaj en sus propias palabras.
Pregunta: ¿Puede usted hablar sobre la relación del Gurú y del discípulo?
Maharaj: Si usted es un aspirante, entonces debe tener fe en el Maestro. Ésa es la primera cosa. Si no hay fe, todo es inútil. Siempre quedan dudas. Que no haya fe significa que en la mente siempre quedan dudas. Al aspirante puede ocurrirle cualquier cosa, sin embargo debe tener una completa comprensión de que todo es para bien. Uno no debe inquietarse por la ilusión. La ilusión siempre le perturba. Cuando acontece eso, significa ilusión; la ilusión siempre viene de modo que rompe su fe. Muchas cosas pueden acontecer contra su deseo, pero uno debe decir siempre que acontezca lo que acontezca es siempre bueno para mí. Debido al cuerpo, a la mente o al conocimiento, usted siente, “¡Oh!, ha ocurrido algo contra mi deseo”. Sin embargo, usted debe olvidarlo. Acontezca lo que acontezca al cuerpo, usted debe tener esa fe. Deje que acontezca; dígase, “¿Por qué debo inquietarme? El Maestro me ha dicho que yo no soy el cuerpo”. Uno tiene que someterse al Maestro. Hay el ejemplo de un rey que recibe un corte en la mano; cuando un rey se corta vienen muchos médicos y ocurre de todo. El rey llama a su primer ministro, y el primer ministro es de los que creen que todo es para bien. Así pues, le dice al rey, «Lo que ha ocurrido es para bien»; pero el rey dice, «metedle en la prisión», de modo que le meten en la prisión. La orden del rey es siempre una orden, ¿no es así? Después de algunos días, allí seguía el corte y estaba vendado; el rey fue de caza y se perdió del camino. Entonces fue cogido por las gentes de la jungla. “¡Oh!, ¡ahora tenemos un buen tipo! Le sacrificaremos mañana”. Le dieron un baño y al día siguiente le pidieron que se levantara con las manos en alto. “¡Oh, tiene un corte!” Nada así puede ser ofrecido a Dios». Entonces el rey comprendió que este corte era para su propio bien. «Así pues, lo que me dijo mi primer ministro de que era para bien era correcto». Volvió a palacio, llamó al primer ministro y dijo, «Estoy de acuerdo contigo, era para bien, pues de otro modo habría perdido mi vida. ¿Pero qué hay sobre ti? Tú has pasado en la prisión veinticinco días». “¡Oh!, dijo el primer ministro, fue para bien; pues si hubiera estado contigo habría sido sacrificado”. El ejemplo puede ser verdadero o puede no serlo, pero uno debe tener fe. Usted mismo es el creador; se ha puesto en una cierta posición. Usted siempre quiere cambiar esa posición. Pero uno no debe inquietarse por lo que acontece, porque todo es ilusión. Usted ha tomado un cuerpo y el ego le hace pensar siempre contra las enseñanzas del Maestro. El Maestro dice qué hacer. El ego dice, “¿Qué puedo hacer yo?” El ego no le deja romper la situación. Uno debe tratar de comprender. Así pues, se requiere mucha fe. Suponga que el Maestro le dice a un discípulo, «Ahí hay un perro; sal y dile que se vaya». Pero cuando el discípulo sale, encuentra una vaca y no un perro. Entonces el discípulo, al ver la vaca, dice, «Yo no sé, yo no sé», pero sin embargo le dice a la vaca que se vaya. ¿Por qué? Porque tiene fe en el Maestro. Su ego es probado por el Maestro. Usted debe serle muy fiel. Pero el Maestro debe ser una persona realizada, pues de otro modo no es de ninguna utilidad. Si el Maestro está realizado, entonces que acontezca lo que acontezca, porque, después de todo, todo es una ilusión y no está aconteciendo nada. En un sueño acontecen muchas cosas, ¿se inquieta usted por eso? No. Usted no se inquieta nunca. Deviene un rey o un mendigo, y sin embargo no le importa porque, cuando se despierta, sabe que eso es nada. Así pues, cuando el despertar viene aquí por la gracia del Maestro, ¿qué ocurre? Que usted no se inquieta por nada. La mente siempre requiere algo para tener un soporte, la mente piensa siempre de maneras muy diferentes; la mente ha recibido la maldición de no escuchar al Maestro. Si la muerte viene, que venga, ¿por qué inquietarse? Todas estas cosas vienen sólo con la fe. El Maestro dice, «Usted es Él, la realidad»; pero la mente no lo acepta. Así pues, la mente siempre se equivoca; acontece algo y dice, ¿qué hacer? El Maestro lo ha dicho de esta manera y ello acontece de otra. ¿Qué hacer y qué no hacer? La mente entra en un dilema, la mente tiene miedo; una mente siempre es una mente. Piensa bien y mal a la vez. Ha recibido el mal hábito de pensar mal primero y después bien. Si el marido de alguien ha ido a alguna parte y vuelve tarde a casa, su mujer piensa, “¡Oh! ¿Qué ha ocurrido?, ha ocurrido un accidente”. Piensa una cosa mala. Uno no piensa nunca, “¡Oh!, debe haber devenido el primer ministro, debe estar en un buen palacio. ¿Por qué debo inquietarme?” No, la mente no dice nunca cosas buenas, dice siempre cosas malas, “Debe haber ocurrido un accidente, debe haber muerto. Dios sabe lo que ha ocurrido, ¿qué vamos a hacer?”.
El discípulo de la persona realizada no se inquieta por nada. Si acontece algo, que acontezca, ¿por qué inquietarse? ¿Por qué pensar algo malo? Diga que todo es para bien. La mente es siempre corta, ¿no es así? Cuando uno es corto de mente no puede pensar muchas cosas. El que ha recibido la comprensión, dice, “¿Por qué inquietarse?” El Maestro puede estar con usted o puede no estar con usted, pero la fe que usted ha recibido en su mente le lleva al nivel justo. Y usted hace las cosas justas. Las gentes pueden pensar, “¡Oh!, él es una persona tonta”. El Maestro dice, «No, no hay nada de qué inquietarse». El Maestro siempre da una indicación. Yo no quería quedarme; pero, sin embargo, Siddharameshwar me dio la bendición de que llevara unas túnicas azafrán y ellas iban a quemar la ilusión. De manera que la ilusión trajo el miedo de la muerte. Miedo del león o de un tigre, no importa. Me pasó lo mismo un día en que llevaba ciento cincuenta túnicas cuando estaba en Rishikesh, ¿qué hacer entonces? Escribí una carta a Maharaj, me vuelvo a casa. Puse la dirección y todo. Fui yo mismo a la oficina de correos. Fui allí y aquella idea se paró en mi mente. ¿Qué era toda aquella insensatez? Siddharameshwar me lo había pedido, ¿no es así? Si viene la muerte, no te inquietes por eso. Así pues, rompí la carta; eso es fe. Si viene la muerte, que venga; ¿por qué inquietarse? El cuerpo tiene que morir, pero yo no voy a morir. El Maestro hace que usted comprenda eso. Cuando usted es nadie, entonces debe sentir eso en la mente, y eso es la relación entre el Maestro y el aspirante. Acabé a los cuatro meses y entonces volví, y todavía estoy haciendo esto. ¿Me sigue? Si hubiera tenido miedo de aquella ilusión, entonces habría muerto, así se lo digo. No se inquiete. ¿Me sigue? Este cuerpo es así, ¿no? El cuerpo-mente es muy sucio, y muy fantástico también; él no va a dejar que usted vaya a la Realidad, porque en eso está su muerte. Así pues, uno debe tratar de comprender lo que dice el Maestro, délo por hecho. Entonces, si el Maestro dice algo erróneo, acéptelo también. El Maestro puede probarle también a veces, ¿por qué no? Pero si usted va y dice, “¡Oh, yo tengo ésta y esta inquietud!”, entonces el Maestro dice, “Tome la medicina”. ¿Por qué lo dice? Porque el Maestro sabe que cuando usted le pide es que está inquieto. Usted siente que es una inquietud. Pero si usted siente que eso no es una inquietud, ¿qué acontecerá entonces? Todo se resolverá sin hacer nada. Sólo se requiere fe, nada más. Así pues, lo que le digo es una protección. Si una madre se cae con su hijo en los brazos, sin duda se hace daño, pero no se preocupa; ella dice, “¡Oh, mi hijo, mi hijo!” Usted no ha recibido ningún daño, ¿no es así? Así pues, el Maestro le protege. El Maestro está a nuestra espalda. El Maestro está conmigo; ¿por qué debe entonces quedar en la mente algún temor o alguna duda? Excepto Él, no hay nada en el mundo, pero, sin embargo, la mente de uno no puede aceptarlo porque la mente es así. La mente es muy sucia; venga el bien que venga, ella no lo acepta. Así pues, usted tiene que matar a su mente. Diga, «Yo no existo, en mí sólo existe Él ahora», y esto pone todo en su justo lugar, ¿por qué no? El Maestro debe ser un realizado, de otro modo todo es inútil. Si el Maestro no está realizado, entonces todo es inútil. ¿Qué puede hacer un aspirante, dígame? Pero si un Maestro ha comprendido correctamente, entonces dará el consejo correcto. Así pues, trate de comprender primero al Maestro, tenga mucha fe en él, nada más. Ramadas tiene ciento cuatro estrofas sobre esto en un capítulo; si el Maestro no está realizado, entonces usted no puede ser cambiado. Cuando el aspirante está en la vía errónea, el Maestro puede cambiarle. ¿Por qué? Porque es el Maestro, ¿no es así? Pero el Maestro también debe comprender, «Yo no soy un Maestro»; entonces es un Maestro verdadero. Él, la realidad, está por todas partes. ¿Por qué decir que yo soy un Maestro? Usted ha olvidado sus cosas, y ahora le son devueltas, ¿ha hecho usted algo? Todo el mundo ha olvidado su liberación, y Él, le libera. ¿Cómo puede liberarle? Sólo si usted tiene esa fe en Él; de otro modo, usted estará cada vez más inquieto, délo por hecho.
Buena noche
Deseándoles la Paz Divina,
tomado del muro del face de la Rvda. Hortensia de la Torre