Los peces nacen en el agua, el hombre nace en el Tao.Si los peces, nacidos en el agua, buscan la sombra profunda del estanque o la alberca, todas sus necesidades son satisfechas.Si el hombre, nacido en el Tao, se hunde en la profunda sombra de la no-acción, para olvidar la agresión y las preocupaciones, no le falta nada, su vida es segura.
Moraleja: "Todo lo que necesita el pez es perderse en el agua.Todo lo que necesita el hombre es perderse en el Tao".

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queridos amigos los haikus que humildemente escribo están en este sitio: www.haikusilvestre.wordpress.com
gracias ! Namasté

2 oct. 2013

Poesía Lírica Japonesa



Es muy original la leyenda nipona que hace remontar al último Genio celeste de las dinastías fabulosas, Izanagui, y a su esposa, Izanami, la invención de la poesía.
A la vista del joven dios, dice esta leyenda, Izanami exclamó:
Oh! Qué joven tan bello! Qué alegría la de volverlo a encontrar!
Cómo puede permitirse una mujer, ser la primera en hablarle a un hombre!" observa Izanagui descontento. Se separan para volverse a encontrar, después de haber girado largo tiempo en torno de una gruesa columna de cobre. Al ver a la diosa joven, el joven Dios exclamó, el primero en esta ocasión:
Oh! que gentil doncella! Qué alegría la de encontrarla de nuevo!"
La poesía japonesa nació de estos dos encuentros.
Tal vez no hay país en que la poesía haya sido cultivada con más amor que en el Japón. Todo el mundo es poeta entre los Nipones. Baste haber recibido alguna instrucción para estar en aptitud de hacer el poemita "eminentemente nacional", intitulado tanka, alias uta.
Desde la soberana legendaria, Soto-Ori-Himé -esposa del Emperador Iukyo- que vivió en el siglo V, y mereció al morir el título de "Divinidad de la Poesía", por las bellas odas en que cantó sus tormentos celosos y las infidelidades de su Dueño y Señor, hasta el Mikado actual, que celebró la bravura de sus ejércitos, en todos los tiempos, emperadores y emperatrices, señores y damas de la corte, letrados y cortesanos, gheischas y pensionistas de las casas de té, han escrito versos. Entre las mujeres, hasta las hay que se han entregado a la poesía como a un culto religioso: testigo la soberbia Onono-Komatch, que permaneció virgen largo tiempo a pesar de las pasiones que desencadenó su gran belleza. En el siglo X de nuestra era, tomó tal incremento la poesía, que el Emperador Daigo se vió en la necesidad de instituir un ministerio de la poesía. Este ministerio ya no existe desde hace largo tiempo; pero el gusto de los japoneses por la composición, es, aun en nuestros días, tan vivo como en el pasado.
La tanka -que significa "canto"- es un poemita compuesto invariablemente de cinco versos, sin rima. El primero y el tercero de estos versos son de cinco pies, el segundo, el cuarto y el quinto de siete pies. Por todo trienta y una sílabas.
Fue un personaje de los tiempos heroicos, Sosano-Ono-Mikoto, el que, siete siglos antes de nuestra era -es decir, en la época en que se fundó la dinastía de los mikados-, fijó, dicen, las reglas de la tanka. En 905, el célebre escritor Ku-No-Tsurayaki, que fue, bajo Daigo, el primer ministro de la poesía, confirmó estas reglas en el prólogo que ha seguido siend famoso, de la primera antología oficial.
Estas reglas no han cambiado nunca y las tankas de hoy están escritas de la misma manera que las compuestas hace dos mil años.
Esta facilidad material de hacer una tanka encierra la gran dificultad de expresar en treinta y una sílabas una idea completa, enunciada en las primeras diecisiete sílabas y a la cual las catorce restantes deben suministrar la conclusión.
A menudo -y este es el reverso de la tanka-, a fuerza de querer condensar y decir muchas cosas en esta cifra inmutablemente fatídica de treinta y una sílabas, donde a veces se trata de encerrar una idea en una palabra, una página o en un verso, se llega a un laconismo de tal manera obscuro, que se imponen dos o tres páginas de comentarios para la explicación de una simple tanka, sin que consigan siempre hacerla comprender.
Dada la brevedad del género, se da uno cuenta fácilmente de que los largos poemas mitológicos, caballerescos, heroicos y otros más, no están escritos en verso, sino en prosa.
La prosa está reservada para "la acción", la poesía para "el ensueño". Los versos no se emplean en el Japón, sino para dar impresiones fugitivas cuya idea tenue y delicada es impotente para traducir la prosa. Precisa además que esta idea no sea francamente expresada; debe nacer en el espíritu del lector, gracias a palabras e imágenes empleadas con arte y misterio.
Esto es, como se ve, la quinta esencia de la poesía. De modo que ninguna poesía asiática, como la japonesa, es apta para pintar los sentimientos vagos del corazón, las sensaciones imprecisas del amor. Dió temas a las mejores inspiraciones chinas de los Chi-King, que -en el género refinado en que sobresale todavía hoy- fueron sus primeros modelos.
Al lado de la clásica tanka, hay que colocar los no menos clásicos Kaika, poemas compuestos de tres versos sin rima (dos versos de cinco pies y uno de siete), y de Naganta, poema de dimensión indeterminada, pero de forma fija, con versos de cinco y de siete pies alternados, con dos versos de siete pies para terminar, e igualmente sin rima.
Estas tres formas -las únicas de la poesía japonesa- no admiten en su redacción ninguna palabra de origen extranjero. Están escritas en la lengua pura de los nipones, polisilábica, armoniosa, de cepa uralo-altaica, que no tiene ninguna relación directa con la china, a pesar de las numerosas palabras chinas que le han sido importadas.
Por lo que hace al desdén de la rima, de ningún modo debe asombrarnos. Todas las palabras, sin excepción, de la lengua japonesa, terminan por una de las cinco vocales a, e, i, o u, y su poesía se volvería insoportablemente monótona a poco que un escritor tratara de rimarla. Forzosamente tendrían las palabras las mismas asonancias. el ideal eufónico, por el contrario, que debe perseguir para sus tankas un poetas, es el de construir los cinco versos sobre las cinco diferentes terminaciones de los sonidos.
En realidad, entre las poesía y la prosa japonesas, no hay otro signo distintivos que el número rigurosamente limitado de los versos y el no menos rigurosamente limitado de las sílabas de estos versos.
Pero fuera de los tres géneros precitados, existen las Canciones Populares, las Ha-Uta, escritas en la lengua hablada por el pueblo y en ritmos distintos a los de los poemas clásicos. Muy extendida en las tres mil ochocientas islas del imperio, la canción japonesa es cultivada hasta por las clases más infimas de la sociedad. Hace las delicias de los parroquianos de todas las casas de té, donde pensionistas muy gentiles, revestidas con el kirimon nacional, sedoso y bordado, le cantan acompañándose de samsens  (guitarra nacional) y de gottos (especie de cítara de trece cuerdas). Acontece lo mismo entre estas bellezas, que han adquirido un verdadero talento de improvisación y saben encantar a su auditorio tanto por la gracia de su ingenio como por los atractivos de su cuerpo.
 La poesía y la canción forman igualmente la alegría de todos los Yosiwaras de las grandes ciudades, barrios inmensos, ciudades dentro de las ciudades, donde se ejerce la prostitución legal bajo el dominio y la garantía del Estado. Pero, ya sea en los barrios reservados a los señores de la Corte, ya en aquellos donde los betos (gentes de la clase baja) del pueblo van a beber saki, siempre y por doquiera la canción popular hace oir su estribillo de amor.
También hay gheischas -estas bellas muchachas de lento andar, de movimientos llenos de abandono que- a todo bien todo honor- saben improvisar una tanka, un kaikai o una canción erótica, y que acuden, mediante una cantidad, al llamado de los hombres, para distraerlos, divertirlos, leerles, recitarles versos, cantarles quejas, tocar el samsen, ejecutar bailes ...
Las bellezas de la naturaleza y los placeres del amor son los temas más frecuentes de la poesía japonesa: la expresión es siempre de una melancolía dulce y refinada, exenta sin ebargo, de todo pudor hipócrita. Este sentimiento del pudor es desconocido de los indígenas para quienes la desnudez es cosa muy natural, sin que absolutamente comprendan nuestros escrúpulos a este respecto. Hombres y mujeres se bañan juntos, sin la menor sombra de malicia, y los ojos del desocupado pasan indiferentes frente a la muchacha que se baña ante su puerta. Según la muy bella expresión de Scherer, el japonés es hijo de la Naturaleza.
Aunque menos antigua que la literatura china, la literatura japonesa -inspirada enteramente en el budismo y en la filosofía de Confucio- fue, en el pasado, la digna émula de su inspiradora; es, hoy, de tal superioridad, que es inútil cualquier comparación. Tanto desde el punto de vista literario como desde todos los otros puntos de vista, existe entre los dos países, separados nada más por el Mar Amarillo, una diferencia de varios siglos de civilización.
El momento poético más antiguo del Japón es la célebre epopeya Fei-ke Monogatari, popularizada por el rápsoda ciego Seobut, que, como Homero, iba de ciudad en ciudad, cantando los hechos y gestas de los héroes del pasado fabuloso. Coleccionada muchas veces, esta epopeya forma doce volúmenes.
Luego viene la colección de las Diez Mil Hojas, o el Man-Yo-Siu, compuesto de más de cien volúmenes donde se encuentran reunidas las poesías más célebres del antiguo Yamato.
Por último, la Antología más moderna de los "Poemas de los cien poetas", Hyaku-Nin-is-Syú, que goza de tanta estima entre todos los indígenas, hasta entre los poco instruidos, que conocen de memoria sus principales tankas.
No se sabe nada preciso acerca de los autores de estas poesías, de las cuales la mitad es obra femenina, de damas de calidad y de cortesanas, y la dificultad de establecer la identidad de personas que cambian continuamente de nombre, explica la penuria de las informaciones. Los japoneses en efecto en la mayor edad, de nombre que llevan a causa de su cambio por otro nuevo; reciben un tercero al casarse; un cuarto al ingresar a las funciones públicas; un quinto, un sexto y así sucesivamente, cada vez que ascienden en grado. Sólo al morir se les da su nombre definitivo, nombre que no conocieron en vida y bajo el cual pasarán a la posteridad.
En esta costumbre, extraña a primera vista, reside, quizás, uno de los secretos de la gran energía de este pueblo, porque, borrando la personalidad, borran el mismo tiempo el egoismo. Así es que nunca hay envidias ni bajezas entre ellos. Todos los japoneses son felices, y están contentos con su suerte. Con el corazón alegre parten a la guerra. Con el corazón alegre regresan a la patria a cantar los ciruelos en flor, los nenúfares de los estanques, la luna velada por las nubes, la juventud y la belleza, el placer y el amor.

LA ESPERA  (anónimo de una mujer 947-967)

¡Ah si supieras cuánto,
De la tarde a la aurora, es triste
Y larga la noche,
Cuando me tiendo, solitaria,
En mi estera, suspirando!



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KWO-KA-MU-INNO-BETTO

Emperatriz del Japón, Esposa del Mikado Siú Toku-In. 
Célebre por su belleza y su talento. Vivió en el siglo XII.

LA UNICA NOCHE  (tanka)

¿Cómo sucedió
Que una sola noche de vigilia
Haya calmado tu corazón
Y me haya vuelto enamorada
Para el resto de mis días?
(tomado de los Cien poetas
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EL OLVIDO IMPOSIBLE

(Oki Kassi)
tanka

¡Cómo olvidar
a la beldad desdeñosa
Que me desespera...
Cuando todas las noches, en sueños,
Me dice que aguarde!
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EL CABEZAL

(una mujer de calidad, siglo X)

tanka

El brazo que me ofreces,
Como cabezal, no debe ser
Sino un sueño de estío ...
Si acepto ... ¡qué de comentarios!
Sin provecho ninguno para mi corazón
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CONTEMPLANDO LA LUNA

(una cortesana de Nagasaki)

tanka

Muy lejos de tus ojos
Mis ojos enamorados contemplan
El cielo estrellado ...
¡Ah! si la luna pudiese
Transformarse en espejo!
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MELANCOLÍA

(Te-Ran-Ghe)

tanka

Otro posee
El corazón de la mujer amada ...
Y pienso en el sauce
De mi jardín, cuyas hojas
Engalanan al jardín vecino.
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CARTA DE AMOR

(anónimo - una doncella noble del siglo XVI)

naganta

Grande es mi deseo
De contemplar tu rostro,
Grande mi afán
De conversar contigo:
Debo sin embargo
Renunciar a estas dos alegrías,
Porque, si aconteciera
Que supiesen en mi casa, por azar,
O en las de los vecinos,
Que hemos conversado
Largo tiempo, los dos
Tendría gran pena
Por esta imprudencia.
Que mi buen nombre
Se pierda, no importa ....
Pero sin él seguramente
No querrías amarme ya.
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ALBURAS

(Yori-Kito - Siglo XIX)

kai-kai

Crei que nevaban
Flores. No. Era la amada
Que venía hacia mi.
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PARA VIVIR CONTIGO A QUIEN AMO

(anónimo - canción popular)

Ha-Uta

Para vivir contigo a quien amo
Me es indiferente
Habitar en pobre cabaña,
Hilar con la rueca
Y hacer costura.
Para vivir contigo a quien amo
Me es indiferente
Ir a lavar la ropa
En el agua del arroyo
Y segar la hierba

fuentes: imagenes de la red y el texto fue transcripto del libro Joyas de la Literatura Oriental